BENJAMIN

 

Es usual que los grupos de rock empiecen tocando covers de las bandas que admiran, y esto es cierto para bandas que van desde los Beatles y los Rolling Stones, pasando por Aerosmith, Metallica y Smashing Pumpkins hasta la banda del hijo del vecino y sus amigos. Sin embargo, Benjamín inició con una especial química creativa que los llevó a componer sus propias canciones desde el primer ensayo.

La banda empezó a reunirse con los hermanos Santiago y Pablo Jiménez, Fabián Latorre, Carlos Ulloa y Doménico Di Marco para hacer música de un modo regular e inconscientemente disciplinado, pues las sesiones musicales resultaron muy fluidas y frescas para sus integrantes, todos provenientes de Bucaramanga, aunque este proyecto en particular solo comenzó una vez todos coincidieron como estudiantes de distintas disciplinas universitarias en Bogotá.

Después de algún tiempo de ensayos decidieron llamar al grupo Benjamín principalmente por dos motivos: el nombre no sugiere una pertenencia a un género musical o cultural definido, y pues porque les sonó bien, entre otros motivos porque no cuenta con una carga semántica pesada.

Algo muy especial de la forma en que Benjamín originaba su música es que el grupo no solo sacaba ideas de sus jams experimentales sino igualmente de extensas e interesantes conversaciones sobre toda suerte de temas, entre ellos el cine, filosofía, historia y la idiosincrasia colombiana, entre muchos más.

Por supuesto que también comentaban sobre la música que cada uno estaba escuchando en el momento, y coincidieron en muchas bandas usualmente catalogadas como de rock progresivo, como lo son Pink Floyd y King Crimson (yo que tuve el placer de verlos en vivo varias veces pude notar algunas similitudes con el Peter Gabriel de la era de Genesis, al menos en su puesta en escena y su teatralidad), pero también sentían admiración mutua por Luis Alberto Spinetta, los Beatles, el folklore colombiano y el blues clásico, pero sobre todo sobre The Mars Volta y en general sobre los proyectos musicales de Ómar Rodríguez López.

Esta gran mezcla de influencias se puede sospechar al escuchar las complejas pero atractivas canciones de Benjamín, pero solo de un modo indirecto, pues estas y muchas otras fuentes se colaron en su música de la manera más orgánica y natural posible, dando como fruto una obra musical creativa, supremamente original y fresca.

La dirección musical corrió principalmente por cuenta de Santiago Jiménez, quien venía con ideas muy elaboradas, con canciones prácticamente armadas en su cabeza y donde sugería a los demás miembros cómo tocar o con qué intención o estilo. Sin embargo, cada quien gozaba de libertad para jugar e improvisar como mejor le pareciera con las “instrucciones” iniciales y así darle forma a las canciones.

Por otra parte, los Jiménez, con el particular carisma que los caracteriza, se encargaron de originar las letras. Las letras acompañan la música con un vocabulario florido pero fluido, en ocasiones inyectado con humor, en otras con misterio, en otras con simple estética auditiva. Así pues, con ellas nunca se pretendió dar mensajes particulares sobre ningún tema ni dar moralejas de ningún tipo, muy a pesar de la pista “Moraleja”, que cierra el segundo y último álbum de Benjamín, Óía Sudáfrica.

En el período vacacional de sus respectivas universidades en 2010, Benjamín volvió a Bucaramanga para grabar un álbum epónimo, el álbum debut. Se grabó con un bajo presupuesto y poco tiempo, pero en un buen estudio y con las ganas y disciplina de los músicos involucrados. Fue toda una prueba, llena de dificultades, pero en términos generales fue una experiencia grata para todos sus miembros, quienes descubrieron los nuevos retos que grabar un disco representa.

Portada del álbum debut, Benjamín (2010).

Benjamu00EDn (portada del u00E1lbum debut, 2010)

Benjamín está plagado de canciones de larga duración, medidas complejas e instrumentación poco convencional (además de la base de dos guitarras, bajo, batería y voz), presentadas con cierta dosis de humor e irreverencia que lo alejan saludablemente de las fórmulas comerciales del rock/pop convencional. Lo anterior es claro en canciones como “Socorro”, “El Blues del Ratón” y “Variaciones Burdas”, donde se aprecia una energía contagiosa y llena de personalidad propia.

“Óía Sudáfrica, portada del álbum final, 2011”

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El segundo álbum amplió aún más el espectro musical experimentando con texturas más sencillas en canciones como la acústica y suave “Son Anfibio”, aunque manteniendo un estilo sumamente original y orgánico, como es claro en “Samba del Averno” y “Píctoro Mágico”. Este álbum también sufrió de un proceso de grabación acelerado, entre otros motivos porque el guitarrista Carlos Ulloa tomó la decisión de viajar a Europa para continuar sus estudios, y por ello, conjuntamente decidieron grabar el álbum antes de su partida.

Benjamín siempre tuvo preferencia por tocar su música en vivo en recintos pequeños para lograr una mejor conexión e interacción con el público, pero aun así decidieron lanzarse a la convocatoria distrital para tocar en Rock Al Parque en 2012. Al ser seleccionados hubo alguna resistencia por parte de cierto grupo de fanáticos poco receptivos a las propuestas nuevas, pero en últimas el toque fue todo un éxito en términos de logística y sonido. El toque se hizo de un modo sumamente relajado, pero con una vibrante fuerza en la puesta en escena y en la interpretación musical.

Era evidente, como en todos sus toques, que la presentación la hacían por pura diversión y que la respuesta del público no era importante, aunque cuando los vi en concierto, el público, aunque pequeño, se mostró receptivo a la evidente autenticidad de Benjamín.

La disolución de Benjamín no llegó por caminos trágicos ni caóticos. A estas alturas, la totalidad de integrantes de la banda había crecido exponencialmente en términos creativos, y ya no eran solo los hermanos Jiménez quienes ofrecían ideas claras sobre lo que querían hacer con la banda, sino todos los demás en igual proporción, por lo que se complicó en demasía un curso común a seguir.
Así pues, sin un comunicado oficial y de la misma forma natural en que Benjamín se unió, se desintegró. Fue un capítulo corto pero sumamente especial y enriquecedor para todos sus miembros, quienes trabajaron dura y seriamente de manera conjunta mientras Benjamín duró.

La extraña y muy particular música de Benjamín no es apta para la radio comercial, por lo que la distribución de Benjamín y Óía Sudáfrica fue escasa y fuimos pocos los privilegiados en escuchar los álbumes de primera mano. Por fortuna, la tecnología actual permite preservar esta música para la posteridad de un modo sencillo y gratuito para los melómanos del planeta entero.

Si está cansado de escuchar música común y corriente, tontas canciones de amor y el rock convencional de siempre lo invitamos a darle una oportunidad a Benjamín a través de los siguientes enlaces.

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Sitio web oficial de Benjamín:

https://myspace.com/benjamincolombia

“Socorro” (videoclip):

Por: Juan Daniel Melo

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